Mira,
Esta es una carta de venta y lo que debe hacer es captar tu atención para que luego sigas leyendo, es decir, que me hagas caso.

Venta, esto es venta.
Si no te gusta lo mejor es que te vayas ya.
Cierra.

Pero ojo, te estarás perdiendo un gran aprendizaje,
compres o no.

Porque esta no es una carta de venta común.
No como las que te encuentras por ahí,
en las que te hablan de últimas oportunidades,
grandes descuentos, promociones exclusivas,
bonos de regalo y de acción rápida.

Cartas en las que aplican "fórmulas que te llevan a comprar", para que me entiendas.

Aquí nada de eso.
Sería una tontería de mi parte hacer eso.
Aquí ni promociones ni descuentos ni burradas de esas.

De hecho en esta carta encontrarás todo lo contrario.

Porque quien no ha entendido que ni las promociones o descuentos o regalos son los que impulsan la compra, entonces no ha entendido nada y no merece tu tiempo ni tu atención.

Ni el mío.

Te digo esto porque quiero ser claro desde el minuto cero.

No te conozco ni me conoces.
Y creo que la mejor forma para dos desconocidos de iniciar una relación, de lo que sea, es diciendo la verdad.

Así que ten mi respetuoso, sincero y cariñoso hola, desconocido.

Bien, ahora que ya me presenté tengo que decirte algo importante.

Soy zurdo.
Ya, me dirás ¿y eso qué?
Pues que por ser zurdo a veces confundo la b con la d
y en lugar de escribir, por ejemplo, quiero, escribo queiro.

En mi cerebro de zurdo esto hace sentido, y si también eres como Miguel Ángel, DaVinci, McCartney o Hendrix, igual lo entiendes.
También eran zurdos.

Si por el contrario escribes con la derecha, como la mayor parte del mundo (poco mérito ahí), entonces tal vez te moleste que tenga este tipo de errores.

Zurdo o diestro, aquí muy posiblemente encuentres errores de dedo, de gramática e incluso alguno que otro ortográfico. Y te digo con sinceridad que eso no me importa.

Espero que a ti tampoco, pero si sí, si te importa mucho,
lo mejor es que dejes de leer en este instante,
vayas por la izquierda o la derecha.

No quiero gente así aquí.
Porque esta carta está dirigida a quienes quieren pasar de lo superficial.

Y te digo más, la zurdera me ha dado estructura, rigidez.
Porque para no equivocarme tengo que seguir mis pasos, ir con calma.

Como lo decía mi mamá: si me apuras, me atonto.

Y es igual con mis clientes.
Ya lo sabes,
Cierra o te quedas hasta el final.


Además, aquí encontrarás una historia de cuando trabajé en una fábrica de cajas de cartón que es, si te fijas bien, una gran lección de ventas.

Ahora, en cuanto a lo superficial,
te encontrarás con copywriters que solo se quedan en lo que se ve por encimita, ahí donde la suegra y el cliente revisa.

Esos que aplican fórmulas y que te dicen lo que sí y lo que no deberías escribir.

De esos que escriben webs y
mensajes y textos románticos
para satisfacerse a sí mismos pero que ni convierten ni enamoran ni captan la atención,
que es lo primero que deberían hacer.

Te los encontrarás. De esos abundan.

Pero no te preocupes, los hay que se van a lo profundo y que consiguen dibujar imágenes en la mente de las personas.

Y mejor aún, se pasan por el arco del triunfo teorías,
fórmulas y los "así se debería escribir".

Por ejemplo, un copywriter romántic, que escribe para hacerte creer que sabe lo que hace utilizando fórmulas patrañosas y cosas que se oyen bien diría esto sobre un sitio para que los niños jueguen:

«Creamos este espacio para que tus hijos disfruten en total seguridad mientras tú los miras jugar sin preocupación. Tenemos un equipo de cuidadoras especializadas y cariñosas. Tus hijos estarán en las mejores manos».


Ahora, un copywriter que sabe lo que hace e investiga y sale de su cabeza para hablarle a su cliente diría:

» Creamos este espacio para evitar que pierdas la cordura.

Vive por una, dos, tres o cinco horas como hace meses o años no lo haces, sin ir detrás de un kamikaze que quiere tocarlo, probarlo y hacerlo todo y que además no te deja tener una conversación con alguien más o contigo misma.

Este lugar es para que tú vivas y los niños se diviertan.
Tú te olvidas de él y él de ti un buen rato.
Buen trato, ¿no? «

¿Qué, muy directo o agresivo?
Bueno, eso lo que hay y es lo que sienten las personas que tienen hijos pequeños, aunque no lo digan.


¿Quieres vender más?
Necesitas hablar, contar y tocar lo que la gente siente.

Un copywriter romántico y que se guía de fórmulas difícilmente lo conseguirá.
Por ejemplo, esos siguen a ciegas:

  • La fórmula AIDA, PAS, PASTOR y burradas de esas.

  • Te dicen que hay que escribir excelsamente, perfectamente pero eso no es humano y se nota.


  • Te hacen textos para páginas, publicaciones, vídeos, redes, en fin, en 5 minutos.

    Porque se los piden a la IA… y sí, la IA puede hacer chingocientosmil cosas bien, pero hay una que nunca conseguirá: sentir y por eso sus textos carecerán de emoción real.

Y a estas alturas yo creo que ya me vas entendiendo.

Si quieres vender más pero te da miedo comunicar de forma distinta, entonces no contrates a ningún copywriter y mucho menos a mí.

Si contratas a uno normal solo te va a estafar.
Si me contratas a mí te va a dar un infarto.

Pero si tienes un negocio y quieres que funcione mejor debes entender que las personas no compran por lo que les explicas, sino por lo que sienten cuando te ven, te leen y te escuchan.

Es decir, las imágenes que crean en su cabeza.

Tu nombre, logo, colores, producción, descuentos, promociones no importan.
Mucho menos importa tu competencia.

Lo que sí importa es cómo comuniques, cómo vendas.



Mira,
Si tienes mucha capacidad, conocimiento y/o experiencia y no sabes transmitirlo o parecerlo… valiendo madres.

Si tienes mucha capacidad, conocimiento y/o experiencia y sabes transmitirlo, vendes.
Muy bien por ti.

Si no eres capaz ni competente y tampoco sabes parecerlo, lo mejor es que vivas del asistencialismo del gobierno… ¡inútil!

Si no eres capaz ni competente pero sí sabes parecerlo, puedes ser un estafador.

Al final, seas como seas, primero tienes que parecerlo.
Si no, estás perdido.

Y hablando de respaldo y capacidades,
este es el momento ideal para decirte cómo me gusta trabajar y con quién me gusta trabajar:

Primero, me gusta trabajar con personas que creen en lo que venden y que respaldan lo que dicen que hacen.

Hombres, mujeres, grupos, da igual.
Lo importante es que tengan un par de gónadas bien puestas para hacer lo que se tiene que hacer.

No trabajo con quien tiene miedo de la competencia.

Tampoco con quien tiene miedo de perder clientes o que siente que va a ofender a alguien.

No trabajo con quien no confía en lo que vende y quien se deja llevar por el qué dirán.

Es decir, trabajo con personas seguras de sí, de lo que ofrecen y que se arriesgan.

¿Que se arriesgan a qué? A presentarse diferente, a distinguirse.

Segundo, trabajo con personas que entienden esta historia, la que te contaba de cuando trabajaba en una fábrica de cajas de cartón.

Fíjate,
Yo era un recién graduado de la universidad y
me había creído la idea de que el mundo no me merecía.

Llegué a pedir trabajo a una fábrica de cajas de cartón.

En la entrevista inicial el que después sería mi jefe me mostró un PowerPoint y me preguntó:

¿Puedes mejorar esto?
Pfff, por supuesto.
El pfff fue real, lo dije.

El güero me miró con sorpresa y dijo:
bueno, ya veremos.

Me contrató y mi primer asignación fue mejorar eso.
Lo hice, sin problema.

A la semana se apareció en la oficina que compartía con más personas.
Frente a todos dijo:
Así que puedes mejorar lo que te presente.

Sí.

¿Si te doy algo y no lo mejoras me entregas tu renuncia?

Sí.

Digamos que ese día me jugué mi puesto.
Y él no perdía oportunidad para recordármelo:

Este puede ser tu último proyecto aquí.

Sí.

Me dio asignación tras asignación.
Todo lo mejoraba.
A él lo veía cada vez más contento.
Yo cada vez más infeliz.

Lo que hacía yo lo presentaba él ante el presidente de la compañía, los vicepresidentes y directores.

Así por meses hasta que sucedió lo inevitable: “su gran trabajo” le había dado la oportunidad de competir por una vicepresidencia, él solo era director de mercadotecnia.

¿Me reconoció?.
Nunca.

Solo me pidió más, me exigió más.
Me quería en su equipo.
Me negué.
Renuncié.

¿Me intentó retener?
Obvio no.

Lo único que hizo desde el inicio fue utilizarme y mostrar su poder sobre mí.
No le interesaba nada más.

Todo porque quise demostrar lo que valía.
Tenía necesidad de validación.
Y eso me llevó a impulsar la carrera de otro mientras yo me quedaba en la oscuridad.

Renuncié.
No le importó.
Ya tenía alguien más a quien retar, alguien más que mostraba necesidad y que quería validación.

Esta historia de mi vida me enseñó que para brillar no hay que mostrar necesidad y tampoco esperar validación.

Si en vez de querer reconocimiento hubiera visto que me estaban utilizando, me hubiera ido mucho tiempo antes.

No hubiera dejado que mi trabajo hablara para él
y mucho menos después de haberme esforzado tanto para cumplir con los retos que me ponía.

Mostrar necesidad y deseo de validación es lo que asesina tus posibilidades de venta y de crecer, de ligar y de que te hagan gaso.

Ahora, debo reconocer algo que hizo muy bien mi jefe.
Sin mover un dedo mostró su autoridad, me hizo sentir el reto y sacó lo mejor de mí.
Claro, para su beneficio, pero lo mejor de mí lo obtuvo.

En tu negocio también tienes que mostrar autoridad para que la gente confíe en ti.

Y les tienes que hacer sentir no que eres el pastel, sino que eres el puto ingrediente secreto que le da sabor.

Y siendo yo el ingrediente que soy debes saber que:

si acaso llegamos a trabajar juntos no solo te conoceré a ti, sino que conoceré a tus clientes actuales, tus clientes deseados y lo que vendes.
Además me adentraré en tu historia,
en tus por qués y tus para qués.

Luego si sales a vender ofreciendo descuentos y promociones y rogando para que te compren, no puedo trabajar más contigo.

Porque es importante que tú te creas la autoridad que tienes y lo que vales.
Sí, porque la tienes, autoridad digo.
Y sí, claro que vales.

Y no, no soy un copywriter al que le puedes encargar unos cuantos textos para que luego tú los revises y los cambies de acuerdo a lo que crees, a lo que te gusta.

No, para eso contrata a otro.

Porque el éxito que yo tengo viene del éxito que tienen mis clientes y eso solo lo consiguen siguiendo lo que les propongo.

Sino, ¿para qué me contratas? ¿Para seguir tus órdenes?

No, no soy tu empleado.

Soy un profesional que sabe lo que hace, que sabe lo que sabe y quiero que tengas éxito porque ese es mi éxito.

Porque imagina que contratas a un chef y le terminas diciendo cómo cortar la verdura.
O contratas a un músico y le dices qué notas poner juntas para componer.

El que tú tengas idea de cocina o música no te hace un profesional.

Y si esto te molesta, de una vez nos despedimos y tan desconocidos como siempre.

Si me contratas confías en mí o mejor no me contrates.



No quiero perder el tiempo.
Tampoco quiero que lo pierdas tú.

Solo llevo 2 clientes al mes.
Porque estoy contigo, para ti.
No te mando con "mi equipo".

Si ya tengo lleno ese mes, entras a lista de espera.

El precio sube cada 3 clientes.
No aviso cuando sube.
Solo sube.

El precio de hoy es el de hoy.

Si quieres que trabajemos juntos, rellena los campos de aquí abajo. Y ya veré si trabajamos.

Si digo que sí, te digo cuándo nos reunimos y cuándo empezamos y qué sigue.

Si decido que no, también te lo digo.

Lo que no haré será dejarte esperando.
Porque así soy.

Hablamos.

Sergio Jáuregui.


El formulario para ver si trabajamos juntos: